miércoles, 2 de octubre de 2013

Los huesos al sol

Mis huesos, con el Monte Lago al fondo.

Aun quedan algunos lugares en el mundo, que nuestra sociedad no ha sido capaz de contaminar. Estoy pensando en el Ártico, donde el calentamiento global, el deshielo y las compañías petroleras, pueden llegar a destruirlo si no hacemos algo para remediarlo. Pero también pienso en otros paisajes menos inaccesibles, transformados en "lugares secretos" involuntariamente, que hoy en día son "tierra oculta" porque hace mucho tiempo que han sido abandonados de la mano del hombre, y en ese olvido, han podido conjurar la pérdida de su identidad. Son puntos de nuestra geografía que me fascinan, donde la casualidad ha hecho que permanecieran alejados de los circuitos de la explotación destructiva, del turismo, de la especulación... Estoy pensando en un sitio muy especial, el valle del Louzara, uno de esos lugares donde aun es posible la magia. Y quedan tan pocos!

Bueno, pues hacia ahí me dirijo, el coche cargado hasta los topes, a pasar las vacaciones de Semana Santa con Ana y Matilde (ya conocéis su fina nariz y tendencia a las arcadas), con Merlín (el pequeño, 2 años, que si tiene olfato aun no lo demuestra), y con mi olla a presión rota repleta de unos huesos, que llevan pudriéndose en el agua, cerca de tres meses. El viaje va bien (no cogimos atasco de salida), pero no paro de darle vueltas a la cabeza, ni de rezar para que la tapa de la olla aguante. ¿Se podrá importar hueso de Argentina? ¿Cuanto costará? No lo averiguaré porque voy a pasar toda la Semana Santa sin internet. ¿Y si empiezo tallando madera? ¿Piedras de río?... Así iba cuando el motor empieza a hacer un ruido como de latigazos y termina rompiendo la correa del generador. Por lo menos el coche anda. Aunque no podemos continuar el viaje sin arreglarlo. ¿Puedes creer que mi mayor preocupación, mientras estábamos en el taller, es que no empiece a oler a muerto? Salimos de viaje a las 7:00 y por fin, a las 19:00, llegamos a Louzara.

Poza de Beltran en el río Louzara.

Me gusta estar en la montaña y darle caña al cuerpo. Desbrozar, cortar madera, restaurar la casa, picar piedra... Cualquier cosa que me permita olvidar el estrés urbanita. Llevo varios días aclimatándome a la fuerte naturaleza de este sitio, sin ánimo para enfrentarme a los huesos. Esa noche, los niños están acostados y hay un cielo estrellado tan claro, que da vértigo. Ahí estamos, juntitos, intentando averiguar donde está el Cinturón de Orion y escuchando la noche, con la manta de lana sobre los hombros. Pronto tendremos que entrar a calentarnos junto a la chimenea. Sin más, Ana rompe el silencio y pregunta: ¿No pretenderás ponerte a enterrarlos el último día?

A la mañana siguiente, con los guantes de goma, me propongo abrir la olla a presión y enterrar mis huesos. Pienso hacerles una ceremonia muy sentida. Esta vez, si que estoy preparado para el mal olor, pero (siempre me pasa) no estaba preparado para la revelación, que tendría al destapar aquel cacharro de metal... No me lo podía creer, los huesos se han transformado. La carne esta hinchada como el cadáver de un náufrago que lleva tres meses en el mar. La descomposición se ha acelerado y ya no necesito enterrar nada. Toda la materia orgánica pegada a los huesos es una extraña plastilina blanca uniforme, que se suelta fácilmente. El tuétano es un cilindro que sale, sin más, empujando por un lado con el dedo. Después de un poco de detergente y agua a presión, en un momento, los huesos están limpios. Los coloco a secar al sol en la barandilla (en la foto). Pura magia. Hasta ahora no entendía lo esencial y trataba el hueso como si estuviera creando un producto de laboratorio. Pensaba que preparar el hueso era un proceso químico complicado y en un instante, me doy cuenta de que es algo natural. De repente, lo veo todo claro, puedo separar la información importante, de la cantidad ingente de basura que había leído en internet. Tengo que confesar, que después de tanto trabajo e investigación, esta revelación me deja con cara de idiota.

Si quieres preparar hueso para tallar, primero, córtalo en tres partes de la misma longitud y desecha los dos extremos. Aunque parezca que desperdicias mucho material con las cabezas del hueso, no es cierto. La parte esponjosa se prolonga más de lo que crees y hace que el reverso de la pieza no tenga la textura adecuada para trabajarlo. Quédate solo con el trozo central donde el hueso compacto es más ancho, además, al no cortar por el centro, no se estropea la mejor parte del hueso. Estos trozos centrales de hueso compacto, son los que se sumergen en agua durante, al menos, 2 meses. Así  aceleras el proceso de descomposición y podrás deshacerte de todos los restos orgánicos sin dañarlo. Lo segundo, nunca hiervas los huesos. Un 30% del hueso compacto es colágeno y lo estropearás al calentarlo (de todas formas, el hueso es muy resistente, si consideras que debes hervirlo para higienizarlo y no lo mantienes mucho tiempo en ebullición, aguantará). Eso si, nunca uses productos abrasivos, como sosa cáustica, lejía o agua oxigenada. Estos productos descomponen el carbonato de calcio, el mineral más importante del que está compuesto el hueso compacto. Resumiendo, después de dos meses en agua (sin añadir nada) en un recipiente hermético (mejor cambiar el agua cada cierto tiempo). Toca limpiar bien los huesos con detergente y agua a presión. Sólo falta trocearlos según los tamaños de las piezas que quieras tallar y, por último, limar y lijar para definir el volumen de base y preparar la superficie para el dibujo inicial... Y ya está.

Se conservan objetos de hueso, trabajados hace más de mil años, que fueron procesados de forma natural. A mi me gustaría que mis piezas duren muchos años, ahora, que he conseguido preparar unas buenas piezas de hueso, solo tengo que hacer una cosa: tallarlas.

5 comentarios:

  1. Buenasss..... primo.
    Naciendo en el 60 algo bueno ya tienes , ( que casualidad, yo también nací ese año.....jajajaaja) ; seguro que acabas haciendo unas esculturas preciosas. Te llevará tiempo y al principio tendrás fallos pero como decía el cartel que tenía un argentino colgado en su negocio: " Errar es humano....... y nosotros somos muy humanos". Suerte en la empresa que te has metido , seguro que si no sale adelante por ganas y por empeño no será. Saludossss.

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  2. Gracias Genaro! No sabía que eras del 60, buena cosecha! Aunque de una forma muy personal el blog esta enfocado hacia dos objetivos: ayudar a cualquiera que quiera empezar a tallar hueso (para que no pase las penurias que estoy pasando yo) y sobre todo para dar a conocer mis esculturas. Muy pronto empezaré a enseñarlas y hablar de su proceso creativo. Un fuerte abrazo.

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  3. Bien! Esto va tomando forma!

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  4. Hola Mateo, parecería que estabas relatando las vicisitudes que he pasado para conseguir información para empezar en la talla de huesos, Gracias por la información y felicitaciones por tu interesante y blog

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  5. La verdad es que este blog es justo lo que necesitaba! Hasta ahora mi perrita preparaba mis huesos, los mastica por unos días y quedan blancos y limpios. El problema es que los dejaba llenos de agujeros y desniveles. Esta ed una genial manera de comenzar de nuevo. Gracias por el blog y éxitos! :-)

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