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sábado, 21 de diciembre de 2013

Tallar en hueso un amuleto Celta. La práctica de la concentración



Como ahora paso horas tallando, coloco la espalda recta y así después no me duele. Para controlar el pulso, adopto un ritmo de respiración pausado, desde el diafragma, más lento que el habitual. Si quiero conseguir que la fresa, a 10.000 rpm, perfore la pieza por el camino correcto, no puedo pensar, debo dejar pasar mis pensamientos sin atraparlos, solo sentir la resistencia del material mientras lo vacío para que surja la forma. De esta manera, tallar hueso se ha transformado en mi particular forma de meditación y algunos días el tiempo desaparece, me olvido de todo, la concentración se establece sin esfuerzo, inconsciente, natural, puesto que todo mi ego se ha extinguido en la unión del espíritu con el hueso. Creo que durante ese tiempo desaparecido soy, en verdad, el escultor de huesos.

Este es el primero de los vídeos que iré colgando para que los más curiosos puedan ver como tallo las piezas. Tiene el aliciente además, de que podéis oír a mi hermano Marcos cantar el tango "Cuesta abajo" de Carlos Gardel. Si, el mismo Marcos del que hablé en la primera entrada de este blog, el que me dejó planchado en el examen de laúd cuando éramos pequeños. El que me hizo descubrir la importancia de la genética!

lunes, 18 de noviembre de 2013

Tallar en hueso una cara de mujer. Un momento de paz

Después de varios intentos tengo un nuevo modelo, "Mujer meditando". Aunque ninguna cara va a salir exactamente igual a las demás, por fin encontré el gesto que quiero, la expresión de un momento de paz.






En el fondo me da igual que sea una mujer meditando o tomando el sol en la playa, solo pretendo hacer un colgante que recuerde algún instante de serenidad. En cambio, el siguiente colgante será un modelo para la lucha: "Loba herida".
Esta pieza es un encargo de Ángela, que se enamoró del
colgante de Ana (el Nº 01) en la presentación del libro de
poemas "Eróticos Desvaríos" de Meri Pas Blanquer.
Hace tantos años que admiro las cabezas esculpidas por mi abuelo, que desde el momento en que elegí el camino del escultor de huesos sentía la necesidad de tallar una cara de mujer. En casa tenemos una de ellas, un precioso colgante de hueso de ballena engarzado en plata, guardado como oro en paño, que Ana se pone en las ocasiones especiales. Es uno de esos objetos maravillosos, de gran valor (al menos sentimental), que tradicionalmente se pasan de madres a hijas.

Precisamente por el respeto que me producen esos rostros de mujer, que están expuestos en la vitrina del comedor de mi madre, no me atrevía a comenzar mi andadura de escultor, tallando una cabeza femenina. Preferí sumergirme en el mundo celta de mis "tecedallos".  Pero sabía que para hacer de los huesos una tradición y confirmar mi teoría sobre la herencia genética de mi antepasado, antes o después tendría que enfrentarme al reto de tallar una de esas caras que conozco desde la infancia. Eso si, a mi manera.

Me gusta recorrer esta nueva ruta en solitario y para encontrar un estilo propio revuelvo en el caos de mi memoria, en aquellas cosas que me impactaron en su momento y se quedaron grabadas en mis recuerdos. Elementos de un rompecabezas que ahora cobran sentido y empiezan a encajar.

Este es el punto de partida, una de las cabezas de mujer de la pintora gallega Maruja Mayo.  El Óleo Actriz de 1942.
No es casualidad que el punto de partida para el diseño de mi primera cara fuera un cuadro de Maruja Mallo. En los inicios de TVG realicé, primero un pequeño reportaje, después un documental que me permitieron descubrir su pintura, y desde aquel momento me tiene fascinado. La televisión de Galicia me abrió la posibilidad de profundizar en esta apasionada creadora que que se enfrentó a su tiempo, el convulso principio del siglo XX, con una valentía y determinación extraordinaria. Para mi no es solo una magnífica pintora, sino también un ejemplo, de como un artista puede mirar de frente a la época que le ha tocado vivir.

Desde el principio me fascinó la simple geometría de sus rostros. Óleo Arquitectura Humana de 1937.


Estas son las lineas que tracé a partir del cuadro
Actriz de Maruja Mallo. Aunque al final, mientras
tallaba, decidí cerrarle los ojos.
Me parece vacío (y aburrido) utilizar a Maruja Mallo únicamente como referencia estética. Siguiendo su modelo me propongo esbozar El manifiesto del escultor de huesos, una declaración de intenciones que podría empezar algo así:

No me conformo, no renuncio, no me resigno, no haré entrega voluntaria de mi mismo, rindiéndome a la voluntad de este desastre de época que me ha tocado vivir. No se lo pondré fácil al destino.

Conformarse es aceptar que "esto es lo que hay". La resignación es dejarse arrastrar por la profunda corriente del destino y el destino, hoy en día, es esta globalización que destruye el planeta. Renunciar a soñar, es la entrega voluntaria de uno mismo como ofrenda al sistema, al mercado, a vete tu a saber que o quién. 

Puede sonar pretencioso... Y lo es (voy a tener que repasarlo bastante). Pero si pretendo romper la cáscara impenetrable que hay entre un objeto bonito y otro que puede formar parte de una vida, si quiero rasgar la dura membrana que existe entre lo estético y el deseo. Si intento sustituir con algo nuevo, hecho ahora, uno de aquellos objetos que admiro, o que se guardan en los museos, o que las familias atesoran para que perduren en el tiempo (como nuestro colgante del abuelo) intuyo que necesito un compromiso mayor que el meramente estético, un nuevo convenio me permita avanzar en esta senda desconocida.  Recuerdo los versos de Robert Frost, pero ya ni me acuerdo cuando los leí... Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.

La primera cara que tallé, fue una sorpresa y creo que la confirmación de que llevo al abuelo Pepe conmigo. Le he cogido cariño y la conservo para mi.
La segunda cara, la más pequeña, de apenas 45 mm. de alto. Sigue manteniendo los rasgos orientales del cuadro de
Maruja Mallo y aun no es el modelo que buscaba, por eso está fuera de serie. Ahora pertenece a mi hermana Paula. 
La tercera cara, con los ojos abiertos. Tenía que probar, pero me estaba alejando del modelo que buscaba. Por eso está sin numerar. Ahora pertenece a Julia de la carnicería de Samos, que me surte de los huesos del Camino.
La cuarta cara, volviendo a la paz de la primera mujer meditando, aunque sin tanta carga oriental. Esto es lo que buscaba, ya tengo definido el modelo, le grabo el Nº1 y como todas las primeras piezas de cada modelo, pertenece a Ana.
La quinta cara, la Nº2 de la serie. He conseguido fijar la expresión. Ángela (que encargó una mujer meditando) aun no la ha visto, pero creo que le gustará. Viéndola así, de cerca, me parece que he conseguido darle una inquietante vida interior.




















miércoles, 30 de octubre de 2013

Tallar hueso, pulir hueso...

Tecedallo de Saudade II. Otro ideograma Celta, en recuerdo de mis queridos poetas de O Courel.
Me gustan las películas de viajes en el tiempo y una de mis favoritas es "El Día de la Marmota" de Harold Ramis. Lo que me fascina al ver, como se repite en un bucle sin fin, ese preciso día, es la oportunidad que se le da al protagonista, de ensayar y equivocarse todas las veces necesarias, para lograr cualquier cosa que se proponga. Está obligado a volver al principio, una y otra vez, hasta que todo le salga bien.


El reverso, está firmado, fechado, numerado, y con la Cruz
de Compostela, como corresponde a los huesos del Camino
de Santiago.
Precisamente, me acuerdo de esta historia, porque he empezado un trabajo que, como el de pianista, está sustentado en la práctica, en ejercitar la mano, el pulso... Y estoy saltándome todo ese proceso de aprendizaje. Justo lo contrario de lo que sucede en la película. 

Noto como corre el contador, inexorable, e igual que a un Nexus VI de Blade Runer, se me agota el tiempo. Ya no es una opción entrar en un taller y "aprender el oficio", o ir a un curso, ni nada parecido. No pienso practicar, quiero hacer, sin más.


La primera vez que fui a montar a caballo, iba con un grupo de amigos bastante numeroso. El encargado del picadero decidió separarnos en dos grupos, los que supieran montar y los que no. Yo me puse con los que tenían experiencia, sin dudarlo. Y aunque estuve a punto de caerme un par de veces, galopé. Nuestro grupo salió a cabalgar por los caminos, mientras el otro, el más numeroso, se quedó dando vueltas, al paso, dentro de una nave cubierta de polvo. Al terminar alguien me preguntó:
-¿Pero tu no decías que nunca habías montado?- 
-Es cierto, recuerdo que contesté , pero he visto suficientes películas de vaqueros.- 


Tecedallo de Saudade III. Se trata de otro ideograma Celta, pero contiene una cierta atmósfera oriental. 


Es que no sabía cuando volvería a sentarme sobre un caballo, y deseaba galopar de verdad, no aceptaba quedarme dentro de aquel picadero polvoriento. No era una opción, lo mismo que ahora, no estoy dispuesto a permanecer encerrado dentro de esta puñetera crisis, dando vueltas, al paso, siguiendo las instrucciones de nadie. Vale, la razón dice que para empezar, es más seguro ir paso a paso, pero lo que me pide el cuerpo, es agarrar cortas las riendas, apretar las rodillas y golpear fuerte con los talones. Y con la que esta cayendo, me fío más del corazón que de la cabeza, pienso elegir el camino que señala mi intuición y si alguien me pregunta: ¿Pero tu habías hecho esto antes? Ya sé que le voy a contestar... No, pero he visto suficientes tallas de mi abuelo.


A partir de ahora, cada modelo tendrá su numeración. Que
sepáis, aquellos que tenéis una de las primeras piezas, que
pasan a ser "fuera de serie", y me gustaría que vuelvan por el
taller, para ponerles una marca especial.
Todo esto es una manera, un tanto complicada, de decir que esculpo el hueso sin tener ni idea, como me sale, y que aconsejo tomar mi forma de trabajar, que me dispongo a mostrar, como algo personal y puede que intransferible. Como algo que no es fruto de la experiencia y que irá cambiando, seguro, a medida que descubra la mejor forma de hacerlo. Solo espero que os gusten mis piezas, y que por eso,  sigáis conmigo esta aventura, aunque sea, al menos, para comprobar hasta donde soy capaz de llegar.

Lo primero que me llamó la atención, cuando empecé este proceso fue lo aburrido que es. Como un monje que ilustra un manuscrito interminable. Siempre parece que no avanzas, que nunca vas a terminar. Y después, la precisión. Y no me refiero a que no puedas salirte ni medio milímetro, lo complicado es mantener esa exactitud, durante más de una hora, sin cargarte la pieza. Al principio se agarrotan los dedos del esfuerzo. Hay que acordarse de parar, cada cierto tiempo, para hacer ejercicios con la mano y evitar los calambres.

He descubierto que el mejor enfoque para ser "escultor de huesos" es el de una película de Kung Fu. Tallar hueso, pulir hueso, tallar hueso, pulir hueso... Para mí, se está transformando en un ejercicio de meditación. La postura, la espalda recta ligeramente arqueada hacia dentro, el mentón apuntando hacia abajo, el cuerpo inmóvil. Y la respiración, con el diafragma, lenta, acompasada, para controlar el pulso. Y la mirada, de francotirador, siguiendo con precisión la fresa acariciando el hueso, anticipando la acción, visualizando la trayectoria... Hasta que tengo que salir del trance, porque Ana me recuerda, que hay que recoger a Merlín en la guardería.

El principio es un buen dibujo de base. Uso un dibujo sobre papel, que paso al hueso con "papel de calco" y después retoco.

El primer desbaste de la pieza es crítico. Si te pasas no hay vuelta atrás. Hay que definir los volúmenes.

Después paciencia y concentración. Tallar hueso, pulir hueso... Próximamente, un vídeo y se entenderá mejor.

lunes, 7 de octubre de 2013

El taller errante

Trabajando, con el taller errante instalado en Louzara, este verano. Foto de Ana.
Nos gusta viajar, y como muchos padres de familia soy técnico especialista en Tetris. Si fuera una carrera superior, tendría el doctorado. He visto como los transeúntes se paraban al ver la asombrosa cantidad de maletas y objetos amontonados al lado del coche, antes de cargarlo para coger carretera. Tengo práctica, encajo los enseres con la misma rapidez y seguridad con la que un marine monta su arma reglamentaria. Me gusta mirar la cara de incredulidad de los observadores cuando termino. El contenido parece envasado al vacío, no cabe nada más, ni un alfiler... Bien, pues a partir de ahora, voy a tener que ir con mi nuevo taller encima y conseguir encontrarle un hueco entre la cuna de viaje y la nevera portátil.

Mi metamorfosis en el escultor de huesos esta siendo más lenta y difícil de lo que esperaba, y eso hace resentirse a mi maltrecha economía. No puedo olvidar que el objetivo es llegar, un día no muy lejano, a ganarme un jornal con mi trabajo. Y aunque dicen: que para ganar dinero hay que gastar dinero (este refrán siempre me pareció el eslogan de un banco para terminar sangrándonos con sus intereses), yo creo que la realidad es otra: cuanto menos gaste al principio, antes empezaré a ganar después.

Por tanto, necesito un taller que pueda transportar con facilidad, y que sea barato. Que me permita trabajar en cualquier lugar donde disponga de una mesa pequeña y un enchufe. De hecho, estas premisas de partida se complementan. Para que las herramientas ocupen el mínimo espacio, lo primero que hay que hacer es comprar solo las imprescindibles, y eso significa ahorro. Para empezar, las cosas que puedo hacer a mano no las pienso hacer con ninguna maquina. Pongo toda la energía que mi trabajo pueda generar, pero no pienso darle ni un kilovatio de más a ninguna compañía eléctrica. Mi sueño es llegar a ser energéticamente autosuficiente (pero esa será otra historia).

Piezas que preparé este verano en la montaña lucense.
En la preparación de las piezas no utilizo ninguna herramienta mecánica. Corto los huesos usando una vieja sierra de arco con hoja para metales, después, termino de dar forma al volumen base, utilizando una lima plana. Solo llevo conmigo los fragmentos de esqueleto listos para el trabajo, ocupan poco espacio y son fáciles de transportar. Como tengo terminantemente prohibido el olor a cadáver en casa, aprovecho las estancias en la montaña (vamos a Louzara siempre que podemos) para estos menesteres preliminares.

Uso una multiherramienta Dremel 300 con lápiz de eje flexible, un poco por casualidad. Fue una oferta que encontré: la Dremel, el lápiz de eje flexible y la abrazadera (o morsa) para mesa, por 70 euros. Es un modelo descatalogado (por eso estaba tan bien de precio) pero tiene suficiente precisión para empezar y sigo pensando que no me equivoqué al comprarla. Encaja perfectamente con la idea de inicio: ligera, pequeña y barata. También incorporé al equipo básico una lampara de leds con lupa. Imprescindible para los detalles más pequeños. Aquí también tuve suerte, estaba negociando en segunda mano, cuando un amigo me mandó el enlace de una buena oferta en un hipermercado. Y para terminar, la mascarilla antipartículas (como no hay estudios sobre como afecta el polvo de hueso a los pulmones, siempre uso mascarilla) y los cascos de protección contra el ruido, artículos necesarios y bastante económicos. Y este es todo el equipo necesario. Ya está, Ana introduce los pagos en la base de datos de gastos y comprueba que no me he pasado ni un pelo en la inversión. Y yo, por supuesto, sacando pecho. CRASO ERROR.

Tallando la carita que aparece en la cabecera del blog. Utilizo la "morsa", fijada en la mesa, para apoyar las manos y mejorar el pulso. La pieza, suelta, agarrada con índice y pulgar,  porque necesito girarla constantemente. Foto de Ana



























Le llamo el taller errante, por un lado, porque anda de una parte a otra sin tener asiento fijo, y por otro, debido a la cantidad de errores que cometí al comprar las "fresas". Las fresas son como brocas de taladro, que se sujetan al extremo del lápiz de eje flexible, y giran a toda velocidad para desbastar el material. Estas pequeñas cabronas, habían decidido hundirme el presupuesto y amargarme la existencia. El proceso de descubrir cuales son las adecuadas para trabajar el hueso, ha sido tan costoso, largo y difícil, que es la causa de que halla decidido escribir este blog. Creo que mi experiencia puede ser útil para cualquiera que desee empezar este camino y quiera ahorrarse los fallos que cometí yo.

Como ni en los centros comerciales, ni en las ferreterías, tienen este tipo de material (casi nada), compré las fresas por internet en Europa, Asia y América. No las encargué en Australia, porque por algún motivo que desconozco, los gastos de envío desde ese continente son de 60 euros. El caso, es que las probé de todos los tamaños y formas, de todos los tipos y durezas. Rompí muchas, quemé otras y las más, simplemente se gastaron en poco tiempo. Un desastre, no solo por el chorreo de dinero, si no también por las decepciones sufridas. Se hizo habitual esperar más de un mes a que llegara un pedido de China o EEUU (que pensaba resolvería el problema) volver de Correos con mi flamante paquete, para a continuación, romper sin querer, todas y cada una de las fresas que había comprado. Como sería la cosa, que hasta Ana no me hizo ningún reproche a pesar del considerable aumento de nuestra plantilla excel de gastos.

Las fresas que quedaron después de la criba. 
Bueno, después de tiempo y dinero, estas son mis conclusiones. Utilizo dos tipos de fresas: las más duras, de carburo de tungsteno, para desbastar el material en la primera etapa de la talla, y las suaves, de diamante, exclusivamente para afinar y hacer los retoques. Cuando no hay que ser muy exacto arrancando material uso las gruesas "Chip Breaker 1.90mm" o "Proxxon tungsten 2.0mm" son muy fuertes y todo lo que pueda adelantar con ellas es durabilidad que consigo con el resto de fresas. A continuación, para delimitar contornos y afinar, utilizo las delgadas "Router RTD 0.8mm" o "Proxxon tungsten 0.8mm", aprendí a base de romperlas, que están fabricadas para trabajar en vertical y como la posición natural del lápiz es inclinada, por debajo de este grosor son muy quebradizas. Para trabajar una superficie lisa (los pómulos o la barbilla de una cara) son muy buenas las Dremel carburo de Tungsteno "punta esférica 9905" o "punta de huevo 9911", también son las mas caras, unos 13 euros cada una. Y ahora, mi fresa favorita, la compré, sin ninguna convicción, por probar, y se ha transformado en la punta imprescindible para los detalles más afilados de cualquier diseño. La extraña "V-Bit 30º 0.2 materiales ferrosos" una autentica maravilla.

Una vez terminada la primera parte de la talla, para alisar las superficies, pasamos a las fresas de diamante. Son económicas, fáciles de encontrar, y de todos los tamaños y formas. A diferencia de las de tungsteno, trabajan a velocidades bajas y siempre hay una cosa a tener en cuenta, se desgastan muy rápido. Por eso hay que usarlas solo para afinar los detalles, nunca para desbastar el hueso.

Resumiendo, cada una de ellas tiene un uso determinado, hay que parar y cambiar de fresa constantemente, cada vez que sea necesario. Si no se hace así, la vida útil, de cada una, se reducirá sensiblemente.

Y aquí estoy, ya he conseguido todo el material que necesita un escultor de huesos, pero en vez de sentirme pletórico, lo que tengo, es la sensación de que los costes son excesivos y va a ser muy difícil llegar a cubrir gastos. Los huesos, las fresas, el trabajo... Y para quitarme el mal sabor de boca, decido preparar una "Carne en Pastelón", se trata de freír un gran filete empanado de tres dedos (unos 5 cm) de grosor, que después de quitar el aceite se rehoga en una generosa cantidad de vino blanco y que normalmente se sirve con patatas panadera. Este plato es delicioso si está hecho con una buena carne, y la mejor ternera gallega que conozco se puede comprar en la carnicería de Pío y Julia, al pie del Monasterio de Samos, a 20 minutos de Louzara. Y mientras cortan la carne les cuento mi proyecto, cosa que les parece muy curiosa, y sin más, deciden apoyarlo en lo que buenamente puedan, que no es otra cosa que surtirme de todo el hueso que necesite sin pedirme nada a cambio. Después del sobresalto inicial, de vuelta a la casa, caigo en la cuenta que con esa ayuda, no solo recibo el impulso que necesitaba, sino que además, han transformado la materia prima de mi trabajo en algo muy especial, algo más profundo y primordial, algo que hunde sus raíces en la misma columna vertebral de Galicia... Ahora trabajo con los huesos del Camino de Santiago.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Los huesos al sol

Mis huesos, con el Monte Lago al fondo.

Aun quedan algunos lugares en el mundo, que nuestra sociedad no ha sido capaz de contaminar. Estoy pensando en el Ártico, donde el calentamiento global, el deshielo y las compañías petroleras, pueden llegar a destruirlo si no hacemos algo para remediarlo. Pero también pienso en otros paisajes menos inaccesibles, transformados en "lugares secretos" involuntariamente, que hoy en día son "tierra oculta" porque hace mucho tiempo que han sido abandonados de la mano del hombre, y en ese olvido, han podido conjurar la pérdida de su identidad. Son puntos de nuestra geografía que me fascinan, donde la casualidad ha hecho que permanecieran alejados de los circuitos de la explotación destructiva, del turismo, de la especulación... Estoy pensando en un sitio muy especial, el valle del Louzara, uno de esos lugares donde aun es posible la magia. Y quedan tan pocos!

Bueno, pues hacia ahí me dirijo, el coche cargado hasta los topes, a pasar las vacaciones de Semana Santa con Ana y Matilde (ya conocéis su fina nariz y tendencia a las arcadas), con Merlín (el pequeño, 2 años, que si tiene olfato aun no lo demuestra), y con mi olla a presión rota repleta de unos huesos, que llevan pudriéndose en el agua, cerca de tres meses. El viaje va bien (no cogimos atasco de salida), pero no paro de darle vueltas a la cabeza, ni de rezar para que la tapa de la olla aguante. ¿Se podrá importar hueso de Argentina? ¿Cuanto costará? No lo averiguaré porque voy a pasar toda la Semana Santa sin internet. ¿Y si empiezo tallando madera? ¿Piedras de río?... Así iba cuando el motor empieza a hacer un ruido como de latigazos y termina rompiendo la correa del generador. Por lo menos el coche anda. Aunque no podemos continuar el viaje sin arreglarlo. ¿Puedes creer que mi mayor preocupación, mientras estábamos en el taller, es que no empiece a oler a muerto? Salimos de viaje a las 7:00 y por fin, a las 19:00, llegamos a Louzara.

Poza de Beltran en el río Louzara.

Me gusta estar en la montaña y darle caña al cuerpo. Desbrozar, cortar madera, restaurar la casa, picar piedra... Cualquier cosa que me permita olvidar el estrés urbanita. Llevo varios días aclimatándome a la fuerte naturaleza de este sitio, sin ánimo para enfrentarme a los huesos. Esa noche, los niños están acostados y hay un cielo estrellado tan claro, que da vértigo. Ahí estamos, juntitos, intentando averiguar donde está el Cinturón de Orion y escuchando la noche, con la manta de lana sobre los hombros. Pronto tendremos que entrar a calentarnos junto a la chimenea. Sin más, Ana rompe el silencio y pregunta: ¿No pretenderás ponerte a enterrarlos el último día?

A la mañana siguiente, con los guantes de goma, me propongo abrir la olla a presión y enterrar mis huesos. Pienso hacerles una ceremonia muy sentida. Esta vez, si que estoy preparado para el mal olor, pero (siempre me pasa) no estaba preparado para la revelación, que tendría al destapar aquel cacharro de metal... No me lo podía creer, los huesos se han transformado. La carne esta hinchada como el cadáver de un náufrago que lleva tres meses en el mar. La descomposición se ha acelerado y ya no necesito enterrar nada. Toda la materia orgánica pegada a los huesos es una extraña plastilina blanca uniforme, que se suelta fácilmente. El tuétano es un cilindro que sale, sin más, empujando por un lado con el dedo. Después de un poco de detergente y agua a presión, en un momento, los huesos están limpios. Los coloco a secar al sol en la barandilla (en la foto). Pura magia. Hasta ahora no entendía lo esencial y trataba el hueso como si estuviera creando un producto de laboratorio. Pensaba que preparar el hueso era un proceso químico complicado y en un instante, me doy cuenta de que es algo natural. De repente, lo veo todo claro, puedo separar la información importante, de la cantidad ingente de basura que había leído en internet. Tengo que confesar, que después de tanto trabajo e investigación, esta revelación me deja con cara de idiota.

Si quieres preparar hueso para tallar, primero, córtalo en tres partes de la misma longitud y desecha los dos extremos. Aunque parezca que desperdicias mucho material con las cabezas del hueso, no es cierto. La parte esponjosa se prolonga más de lo que crees y hace que el reverso de la pieza no tenga la textura adecuada para trabajarlo. Quédate solo con el trozo central donde el hueso compacto es más ancho, además, al no cortar por el centro, no se estropea la mejor parte del hueso. Estos trozos centrales de hueso compacto, son los que se sumergen en agua durante, al menos, 2 meses. Así  aceleras el proceso de descomposición y podrás deshacerte de todos los restos orgánicos sin dañarlo. Lo segundo, nunca hiervas los huesos. Un 30% del hueso compacto es colágeno y lo estropearás al calentarlo (de todas formas, el hueso es muy resistente, si consideras que debes hervirlo para higienizarlo y no lo mantienes mucho tiempo en ebullición, aguantará). Eso si, nunca uses productos abrasivos, como sosa cáustica, lejía o agua oxigenada. Estos productos descomponen el carbonato de calcio, el mineral más importante del que está compuesto el hueso compacto. Resumiendo, después de dos meses en agua (sin añadir nada) en un recipiente hermético (mejor cambiar el agua cada cierto tiempo). Toca limpiar bien los huesos con detergente y agua a presión. Sólo falta trocearlos según los tamaños de las piezas que quieras tallar y, por último, limar y lijar para definir el volumen de base y preparar la superficie para el dibujo inicial... Y ya está.

Se conservan objetos de hueso, trabajados hace más de mil años, que fueron procesados de forma natural. A mi me gustaría que mis piezas duren muchos años, ahora, que he conseguido preparar unas buenas piezas de hueso, solo tengo que hacer una cosa: tallarlas.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Preparar hueso para tallar. El relato de un desastre.

Que las ballenas y los elefantes sean especies protegidas es necesario, están en peligro de extinción. Pero tengo que reconocer, que eso le quita glamour a mi nueva profesión. No puedo utilizar marfil, ni dientes de cachalote, ni hueso de ballena, y cuando voy a comprar la materia prima necesaria para mi futuro arte, todo el mundo piensa que quiero hacer una sopa. Y eso no ayuda, no te pone en situación.

- "¿No lo tiene más grande?". Le pregunté al carnicero. 
- "Llévese dos", dijo (y tiene su lógica). 
- "No quiero dos huesos de caña. Quiero uno sólo, pero más grande". 

Me mantuve firme e insistí. Al final, me lo tuvo que encargar y me cobró 9.50 €, por gilipollas... Y es que en España no existe la figura del escultor de huesos. Que yo sepa, estaba mi abuelo Pepe y nada más . 

Después de dos semanas, allá voy, con un gran hueso de caña lleno de tuétano, tendones, cartílago y demás materia orgánica que desconozco, agarrada a su superficie como una lapa a la roca. Llego a casa y Ana, mi mujer, me mira a los ojos y pregunta: - "¿Qué piensas hacer con eso? No pretenderás utilizar ningún cacharro de la cocina".  Tengo que admitirlo, aun no estoy seguro sobre lo que hay que hacer con "eso" (aunque el abuelo trabajaba el hueso, no quiere decir que exista una tradición familiar, y mucho menos un conocimiento que se transmita de padres a hijos sobre la materia).

No se porque creemos que Google y YouTube, son la nueva fuente del conocimiento. Es cierto, si no buscas nada en concreto, aparecen un montón de cosas interesantes (aunque resultan inútiles excepto para perder el tiempo), pero cuando necesitas algo determinado, por ejemplo: "preparar hueso para tallar", terminas hundido en una ciénaga de refritos infumables copiados unos de otros, hasta que después de muchas horas empiezas a pensar si la mejor solución no será enterrar el hueso en el jardín, durante 2 años, y después ya se verá. Si opinas que exagero, espera. Conseguí una olla a presión rota y me puse, con entusiasmo, manos a la obra. 

Hay dos técnicas básicas de preparación de hueso y coinciden en la primera parte : cortar el hueso por la mitad, cocerlo (con lo que cuestan, será para aprovechar el caldo) para quitar el tuétano y toda la materia orgánica que puedas, raspando con un cuchillo de cocina. A partir de ahí empiezan las diferencias... 

La más extendida en la red, con diferencia, y en mi ignorancia, la que me pareció mas fiable, es volver cocer los huesos con sosa cáustica o alguno de sus derivados (por ejemplo, lejía).  Pero eso si, nadie se pone de acuerdo ni en la cantidad de sosa, ni en el tiempo de cocción. Bueno, para esto estoy preparado, a mi me enseñó a cocinar mi madre y siempre dice lo mismo: "lo que te acepte". Para lo que no estaba preparado fue para el hedor a cadáver que inundó toda la casa. La puerta de la cocina estaba cerrada y el extractor a tope, pero en cuanto aquello empezó a hervir, tenía a Ana y a Matilde, mi hija, cada una agarrada a una taza de water, vomitando. Terminaron untándose bálsamo de tigre debajo de la nariz para aguantar el olor (como en las autopsias) y suerte que los vecinos no llamaron a la policía creyendo que teníamos un cadáver. 

El hedor fue horrible, pero había merecido la pena. El hueso queda fantástico, muy limpio, blanco como en un anuncio de detergente. Lo corto, con una sierra de mano, en piezas rectangulares y cuando, por fin, empiezo a tallar, me doy cuenta de que las apariencias engañan, que es imposible esculpir algo con un mínimo de detalle. La parte exterior se descascarilla y en cuanto lo mojas para limpiarlo, la sosa infiltrada actua de nuevo y se vuelve a descascarillar. Y quitando y quitando, al final te quedas sin nada. La cruda realidad es que la sosa (y la lejía) descomponen el hueso, que acabo de tirar 9.50 pavos a la basura y que ya tengo que comprar más hueso.

La segunda técnica básica, es cocerlo con agua oxigenada diluida. También queda muy blanco y tiene la ventaja de que no huele tan mal, pero eso si, el resultado es incluso peor, más angustioso. El líquido se infiltra profundamente y el hueso se va descomponiendo muy despacio, sin prisa, pero sin pausa. Empiezas a tallar con delicadeza y al principio parece que aguanta, pero es igual, se deshace poco a poco y día tras día. Y de nuevo tirarlo a la basura y comprar más. Conclusión, si alguien quiere blanquear unos huesos o el cráneo de algún animal que encontró en el monte, con 50 g de sosa, 10 litros de agua y nunca más de 15 min de cocción (siempre en un espacio abierto) quedará blanco y limpio, pero no apto para tallar. Queda claro que estos cabrones de Google no han tenido un hueso en las manos en su vida. 

No hay que desanimarse, pasemos a YouTube. En Oceanía, Sudamerica, Estados Unidos y Canadá, hay muchos escultores de huesos (en Europa, pocos) pero a ninguno se le ocurrió colgar un video sobre como preparar el hueso. YouTube es un laberinto, puedes estar horas buscando una cosa, das vueltas y vueltas hasta que te pierdes, y al final, no puedes salir,  siempre terminas en el mismo sitio. Pero me mantuve firme e insistí... y un buen día encuentro un video de un tío preparando hueso ¡Eureka! Allá vamos... 

Primero corta el hueso por la mitad, lo cuece, lo deja enfriar, lo golpea para extraer el tuétano y con un cuchillo de cocina raspa todo lo orgánico que puede. Vale, hasta aquí ya me lo se. Adelanto el video hasta la segunda parte...  Lo vuelve a meter en la olla, le echa como un kilo de sal y un litro de un líquido transparente, un producto de limpieza con una etiqueta en ingles que apenas se ve. Después de pasarlo varias veces, consigo leer: "white vinegar", vinagre blanco. No, no es vinagre de vino blanco, este es transparente como el agua. Me pongo a investigar, y es efectivamente, vinagre blanco, destilado de caña de azúcar (normalmente en el sudeste asiático), utilizado en muchos países sobre todo para limpieza, pero que no se vende en España. ¡Mala suerte! 

Pero es una buena opción ¡El vinagre no tiene nada que ver con la sosa! Lo intento comprar por internet y solo lo encuentro en cajas de 25 botellas de 1 litro. En realidad no es caro, pero los gastos de envío, desde fuera de España, se disparan. Es la única posibilidad que tengo, estoy tan desesperado que decido hacer el pedido. Y en el último momento, Ana no me deja comprarlo. La verdad es que argumenta muy bien... Que ya no dice vender, es que todavía no realicé ni una sola pieza, que me estoy obsesionando, que no pienso con claridad y no paro de gastar dinero. Eso si, a partir de ahora, tengo que pedir factura de todo, y va a hacer una base de datos para controlar los gastos, que el carnicero se frota las manos cada vez que me ve... 

Lo siguiente es un periplo por todas las tiendas de comida de importación de Madrid (este vinagre también se usa para ensaladas, diluido con agua, en Sudamérica)  pero sin resultados. Ya llevo varios meses atascado, con unos huesos en el congelador y los que no cabían, pudriendose en el agua, dentro de la olla a presión rota, encima de la maquina del aire acondicionado.

Pero a veces las cosas aparecen cuando ya no las buscas. Y como había adquirido la costumbre de revisar todos los artículos de limpieza de cada súper en el que entraba, ocurrió. No lo ponía por ningún lado, pero estaba seguro que aquel nuevo producto de limpieza ecológico estaba hecho con vinagre destilado de caña de azúcar. Olía a vinagre y era transparente como el agua. Y así fue, cogí el primer cacharro que encontré y puse todos los huesos del congelador a cocer con 1 litro de autentico "white vinegar", 1 kg de sal gorda y agua. 

Sinceramente, creía que era la vencida. Pero a parte de desprender un olor acido a muerto muy penetrante (que produjo, otra vez, arcadas a Ana y Matilde) y ser la causa de que ahora tengo terminantemente prohibido realizar cocimientos de hueso en casa, los huesos no cambiaron en absoluto. Los tuve cociendo en el mejunje todo el tiempo que me dejaron, y si bien no se descompusieron, quedaron igual. Quizás un poco mas limpios, no lo se... pero con la parte porosa de la cabeza del fémur llena de restos de tuétano, una materia grasienta y asquerosa, imposible de quitar. Ni con el cepillo de dientes eléctrico (pero eso mejor no lo cuento). 

Y hasta aquí la historia de mi fracaso, el relato del desastre. Aunque quería mantenerme  firme e insistir...Ya no sabía que hacer.  Estaba intentando dejar mínimamente presentable la cocina, cuando Ana se acercó, me miro a los ojos y dijo: 

- "¿Y que vas a hacer con la mierda esa que lleva tres meses pudriendose en la ventana?" 

Esta vez, si tengo una respuesta:

- "Voy a enterrarla, en el pueblo, durante 2 años"

martes, 24 de septiembre de 2013

¿Por qué tallar huesos?

No tengo memoria, y mira que presto atención. Voy tan concentrado por la vida, que las primeras arrugas que me salieron, fueron ahí, en medio de las cejas. Antes pensaba pocas veces en el pasado, ¿Para qué? Me acuerdo de muy poco, cosas sueltas sin conexión aparente, como si tuviera el cable de la memoria suelto y de vez en cuando hiciera contacto al azar, o al tener la cabeza en una posición concreta, en un gesto especial hecho sin darme cuenta. No me acuerdo de muchas de las cosas que se consideran importantes en la vida, pero recuerdo otras, que en principio no valen para nada. Por ejemplo, recuerdo a mi abuelo tallando hueso (el de la foto con mamá) y eso que vivía a 600km de casa y murió cuando yo tenia 13 años. Recuerdo el ruido del torno al taladrar, que doblaba la lija en trozos pequeños para llegar a los huecos, y sobre todo, el olor del hueso de ballena mientras lo perforaba. 

Otra vez que debía tener la cabeza inclinada en el gesto adecuado para que el cable de memoria hiciera contacto, fue cuando estaba leyendo: "si quieres empezar un nuevo proyecto desde cero, busca algo que realmente te guste, porque tendrás que dedicarle tantas horas que, de otra forma, no lo vas a aguantar". Parece una tontería, pero saber lo "que realmente te guste", no es nada fácil, es más, es como una pregunta trampa. Te recomiendo que solo intentes averiguarlo en caso de auténtica necesidad y nunca si estás deprimido. Después de darle muchas vueltas a la cabeza, lo normal es que llegues a un callejón sin salida y termines preguntándote ¿Que he estado haciendo todos estos años? Y cosas así... El caso es, que cuando se me terminó el paro (3 meses) y después de denegarme el subsidio para mayores de 52 años (ahora para mayores de 55), tuve que ser sincero y contestar la pregunta: ¿Qué quiero hacer? ¿Cómo quiero ganarme la vida? Y si, ya sabéis la respuesta. Tallando hueso como mi abuelo Pepe.

- ¿Estás loco? ¡¿Pero tu has tallado algo en tu vida?!
- No.
- ¿Entonces?

Con esto de la memoria, también puede ser, que a partir de los 50 empecemos a recordar más, las cosas que nos pasaron cuando teníamos 10 años, que las que sucedieron hace 10 minutos. Viene a cuento, porque más o menos con esa edad, 10 años, yo estudiaba laúd con mi hermano Marcos en OSCUS ( no me preguntéis que significa, no me acuerdo ). Este hermano, al que le llevo un año y medio, en aquella época era más alto y fuerte que yo. Genética. El archivo de memoria es de un lunes después de clase. Vamos juntos a un examen de laúd. Teníamos que tocar "Santa Lucía". El profesor de música muy serio, nos dijo que practicáramos el fin de semana. Yo estaba contento, trabajé duro sábado y domingo, sabía tocarla de corrido y sin fallar ninguna nota. Marcos, sin embargo, no tocó el laúd en los dos días. Ni lo había sacado de la funda. Primero toqué yo, estuve bien, sin nervios, sin fallos. Pero cuando empezó a tocar mi hermano, te juro que sonaba como música celestial, toda la clase se quedó en silencio, te ponía la carne de gallina.  Y si, ya sabéis lo que me dijo el profesor... Tienes que practicar más, como tu hermano. Entonces me pareció una injusticia. Pasado el tiempo, me daría cuenta de que sólo es... pura genética. 

Mis recuerdos serán pocos, pero empiezan a tener sentido. Vale, de música nada. Pero... ¿Y si heredé los genes de mi abuelo? Lo voy a intentar. He decidido ser "El escultor de huesos".