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sábado, 21 de diciembre de 2013

Tallar en hueso un amuleto Celta. La práctica de la concentración



Como ahora paso horas tallando, coloco la espalda recta y así después no me duele. Para controlar el pulso, adopto un ritmo de respiración pausado, desde el diafragma, más lento que el habitual. Si quiero conseguir que la fresa, a 10.000 rpm, perfore la pieza por el camino correcto, no puedo pensar, debo dejar pasar mis pensamientos sin atraparlos, solo sentir la resistencia del material mientras lo vacío para que surja la forma. De esta manera, tallar hueso se ha transformado en mi particular forma de meditación y algunos días el tiempo desaparece, me olvido de todo, la concentración se establece sin esfuerzo, inconsciente, natural, puesto que todo mi ego se ha extinguido en la unión del espíritu con el hueso. Creo que durante ese tiempo desaparecido soy, en verdad, el escultor de huesos.

Este es el primero de los vídeos que iré colgando para que los más curiosos puedan ver como tallo las piezas. Tiene el aliciente además, de que podéis oír a mi hermano Marcos cantar el tango "Cuesta abajo" de Carlos Gardel. Si, el mismo Marcos del que hablé en la primera entrada de este blog, el que me dejó planchado en el examen de laúd cuando éramos pequeños. El que me hizo descubrir la importancia de la genética!

lunes, 18 de noviembre de 2013

Tallar en hueso una cara de mujer. Un momento de paz

Después de varios intentos tengo un nuevo modelo, "Mujer meditando". Aunque ninguna cara va a salir exactamente igual a las demás, por fin encontré el gesto que quiero, la expresión de un momento de paz.






En el fondo me da igual que sea una mujer meditando o tomando el sol en la playa, solo pretendo hacer un colgante que recuerde algún instante de serenidad. En cambio, el siguiente colgante será un modelo para la lucha: "Loba herida".
Esta pieza es un encargo de Ángela, que se enamoró del
colgante de Ana (el Nº 01) en la presentación del libro de
poemas "Eróticos Desvaríos" de Meri Pas Blanquer.
Hace tantos años que admiro las cabezas esculpidas por mi abuelo, que desde el momento en que elegí el camino del escultor de huesos sentía la necesidad de tallar una cara de mujer. En casa tenemos una de ellas, un precioso colgante de hueso de ballena engarzado en plata, guardado como oro en paño, que Ana se pone en las ocasiones especiales. Es uno de esos objetos maravillosos, de gran valor (al menos sentimental), que tradicionalmente se pasan de madres a hijas.

Precisamente por el respeto que me producen esos rostros de mujer, que están expuestos en la vitrina del comedor de mi madre, no me atrevía a comenzar mi andadura de escultor, tallando una cabeza femenina. Preferí sumergirme en el mundo celta de mis "tecedallos".  Pero sabía que para hacer de los huesos una tradición y confirmar mi teoría sobre la herencia genética de mi antepasado, antes o después tendría que enfrentarme al reto de tallar una de esas caras que conozco desde la infancia. Eso si, a mi manera.

Me gusta recorrer esta nueva ruta en solitario y para encontrar un estilo propio revuelvo en el caos de mi memoria, en aquellas cosas que me impactaron en su momento y se quedaron grabadas en mis recuerdos. Elementos de un rompecabezas que ahora cobran sentido y empiezan a encajar.

Este es el punto de partida, una de las cabezas de mujer de la pintora gallega Maruja Mayo.  El Óleo Actriz de 1942.
No es casualidad que el punto de partida para el diseño de mi primera cara fuera un cuadro de Maruja Mallo. En los inicios de TVG realicé, primero un pequeño reportaje, después un documental que me permitieron descubrir su pintura, y desde aquel momento me tiene fascinado. La televisión de Galicia me abrió la posibilidad de profundizar en esta apasionada creadora que que se enfrentó a su tiempo, el convulso principio del siglo XX, con una valentía y determinación extraordinaria. Para mi no es solo una magnífica pintora, sino también un ejemplo, de como un artista puede mirar de frente a la época que le ha tocado vivir.

Desde el principio me fascinó la simple geometría de sus rostros. Óleo Arquitectura Humana de 1937.


Estas son las lineas que tracé a partir del cuadro
Actriz de Maruja Mallo. Aunque al final, mientras
tallaba, decidí cerrarle los ojos.
Me parece vacío (y aburrido) utilizar a Maruja Mallo únicamente como referencia estética. Siguiendo su modelo me propongo esbozar El manifiesto del escultor de huesos, una declaración de intenciones que podría empezar algo así:

No me conformo, no renuncio, no me resigno, no haré entrega voluntaria de mi mismo, rindiéndome a la voluntad de este desastre de época que me ha tocado vivir. No se lo pondré fácil al destino.

Conformarse es aceptar que "esto es lo que hay". La resignación es dejarse arrastrar por la profunda corriente del destino y el destino, hoy en día, es esta globalización que destruye el planeta. Renunciar a soñar, es la entrega voluntaria de uno mismo como ofrenda al sistema, al mercado, a vete tu a saber que o quién. 

Puede sonar pretencioso... Y lo es (voy a tener que repasarlo bastante). Pero si pretendo romper la cáscara impenetrable que hay entre un objeto bonito y otro que puede formar parte de una vida, si quiero rasgar la dura membrana que existe entre lo estético y el deseo. Si intento sustituir con algo nuevo, hecho ahora, uno de aquellos objetos que admiro, o que se guardan en los museos, o que las familias atesoran para que perduren en el tiempo (como nuestro colgante del abuelo) intuyo que necesito un compromiso mayor que el meramente estético, un nuevo convenio me permita avanzar en esta senda desconocida.  Recuerdo los versos de Robert Frost, pero ya ni me acuerdo cuando los leí... Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.

La primera cara que tallé, fue una sorpresa y creo que la confirmación de que llevo al abuelo Pepe conmigo. Le he cogido cariño y la conservo para mi.
La segunda cara, la más pequeña, de apenas 45 mm. de alto. Sigue manteniendo los rasgos orientales del cuadro de
Maruja Mallo y aun no es el modelo que buscaba, por eso está fuera de serie. Ahora pertenece a mi hermana Paula. 
La tercera cara, con los ojos abiertos. Tenía que probar, pero me estaba alejando del modelo que buscaba. Por eso está sin numerar. Ahora pertenece a Julia de la carnicería de Samos, que me surte de los huesos del Camino.
La cuarta cara, volviendo a la paz de la primera mujer meditando, aunque sin tanta carga oriental. Esto es lo que buscaba, ya tengo definido el modelo, le grabo el Nº1 y como todas las primeras piezas de cada modelo, pertenece a Ana.
La quinta cara, la Nº2 de la serie. He conseguido fijar la expresión. Ángela (que encargó una mujer meditando) aun no la ha visto, pero creo que le gustará. Viéndola así, de cerca, me parece que he conseguido darle una inquietante vida interior.




















miércoles, 30 de octubre de 2013

Tallar hueso, pulir hueso...

Tecedallo de Saudade II. Otro ideograma Celta, en recuerdo de mis queridos poetas de O Courel.
Me gustan las películas de viajes en el tiempo y una de mis favoritas es "El Día de la Marmota" de Harold Ramis. Lo que me fascina al ver, como se repite en un bucle sin fin, ese preciso día, es la oportunidad que se le da al protagonista, de ensayar y equivocarse todas las veces necesarias, para lograr cualquier cosa que se proponga. Está obligado a volver al principio, una y otra vez, hasta que todo le salga bien.


El reverso, está firmado, fechado, numerado, y con la Cruz
de Compostela, como corresponde a los huesos del Camino
de Santiago.
Precisamente, me acuerdo de esta historia, porque he empezado un trabajo que, como el de pianista, está sustentado en la práctica, en ejercitar la mano, el pulso... Y estoy saltándome todo ese proceso de aprendizaje. Justo lo contrario de lo que sucede en la película. 

Noto como corre el contador, inexorable, e igual que a un Nexus VI de Blade Runer, se me agota el tiempo. Ya no es una opción entrar en un taller y "aprender el oficio", o ir a un curso, ni nada parecido. No pienso practicar, quiero hacer, sin más.


La primera vez que fui a montar a caballo, iba con un grupo de amigos bastante numeroso. El encargado del picadero decidió separarnos en dos grupos, los que supieran montar y los que no. Yo me puse con los que tenían experiencia, sin dudarlo. Y aunque estuve a punto de caerme un par de veces, galopé. Nuestro grupo salió a cabalgar por los caminos, mientras el otro, el más numeroso, se quedó dando vueltas, al paso, dentro de una nave cubierta de polvo. Al terminar alguien me preguntó:
-¿Pero tu no decías que nunca habías montado?- 
-Es cierto, recuerdo que contesté , pero he visto suficientes películas de vaqueros.- 


Tecedallo de Saudade III. Se trata de otro ideograma Celta, pero contiene una cierta atmósfera oriental. 


Es que no sabía cuando volvería a sentarme sobre un caballo, y deseaba galopar de verdad, no aceptaba quedarme dentro de aquel picadero polvoriento. No era una opción, lo mismo que ahora, no estoy dispuesto a permanecer encerrado dentro de esta puñetera crisis, dando vueltas, al paso, siguiendo las instrucciones de nadie. Vale, la razón dice que para empezar, es más seguro ir paso a paso, pero lo que me pide el cuerpo, es agarrar cortas las riendas, apretar las rodillas y golpear fuerte con los talones. Y con la que esta cayendo, me fío más del corazón que de la cabeza, pienso elegir el camino que señala mi intuición y si alguien me pregunta: ¿Pero tu habías hecho esto antes? Ya sé que le voy a contestar... No, pero he visto suficientes tallas de mi abuelo.


A partir de ahora, cada modelo tendrá su numeración. Que
sepáis, aquellos que tenéis una de las primeras piezas, que
pasan a ser "fuera de serie", y me gustaría que vuelvan por el
taller, para ponerles una marca especial.
Todo esto es una manera, un tanto complicada, de decir que esculpo el hueso sin tener ni idea, como me sale, y que aconsejo tomar mi forma de trabajar, que me dispongo a mostrar, como algo personal y puede que intransferible. Como algo que no es fruto de la experiencia y que irá cambiando, seguro, a medida que descubra la mejor forma de hacerlo. Solo espero que os gusten mis piezas, y que por eso,  sigáis conmigo esta aventura, aunque sea, al menos, para comprobar hasta donde soy capaz de llegar.

Lo primero que me llamó la atención, cuando empecé este proceso fue lo aburrido que es. Como un monje que ilustra un manuscrito interminable. Siempre parece que no avanzas, que nunca vas a terminar. Y después, la precisión. Y no me refiero a que no puedas salirte ni medio milímetro, lo complicado es mantener esa exactitud, durante más de una hora, sin cargarte la pieza. Al principio se agarrotan los dedos del esfuerzo. Hay que acordarse de parar, cada cierto tiempo, para hacer ejercicios con la mano y evitar los calambres.

He descubierto que el mejor enfoque para ser "escultor de huesos" es el de una película de Kung Fu. Tallar hueso, pulir hueso, tallar hueso, pulir hueso... Para mí, se está transformando en un ejercicio de meditación. La postura, la espalda recta ligeramente arqueada hacia dentro, el mentón apuntando hacia abajo, el cuerpo inmóvil. Y la respiración, con el diafragma, lenta, acompasada, para controlar el pulso. Y la mirada, de francotirador, siguiendo con precisión la fresa acariciando el hueso, anticipando la acción, visualizando la trayectoria... Hasta que tengo que salir del trance, porque Ana me recuerda, que hay que recoger a Merlín en la guardería.

El principio es un buen dibujo de base. Uso un dibujo sobre papel, que paso al hueso con "papel de calco" y después retoco.

El primer desbaste de la pieza es crítico. Si te pasas no hay vuelta atrás. Hay que definir los volúmenes.

Después paciencia y concentración. Tallar hueso, pulir hueso... Próximamente, un vídeo y se entenderá mejor.