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| Primero hay que escoger un trozo de hueso lo suficientemente grueso, 15 mm aprox. Es importante hacer un buen dibujo de partida. En este tamaño es muy fácil perder la simetría y las proporciones! |
martes, 13 de mayo de 2014
Tallar en hueso una cara
miércoles, 7 de mayo de 2014
Preparar hueso para tallar en invierno
Aunque solo lo hice una vez, estaba seguro que controlaba la forma de preparar hueso para tallar. Me habían quedado perfectos. Tres meses sumergidos en agua y la materia orgánica se despegaba como la plastilina en una mesa de cristal. Tenía todo preparado, en esta ocasión, los huesos llevaban a remojo cuatro largos meses.
Y allá voy ¡Ataque relámpago! Madrugar, dos horas en coche para llegar desde A Coruña a Louzara, una limpieza rápida, unos cortes con la radial y a empaquetar las piezas de hueso. Antes de que se ponga el sol estaré de vuelta en casa de mi suegra celebrando la Navidad.
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| El duro invierno de Louzara. Detrás de esos arboles está el garaje, y detrás del garaje, maceraban los huesos en agua. |
Entonces ¿Que hago después de siete horas, mientras cae la noche, intentando sacar con el agua a presión de la Karcher unos restos de cartílago que se agarran al hueso como moluscos a una roca? ¿Que hago congelándome en esta montaña de O Caurel? Estoy sin comer, me he empapado y por mas que le doy, no consigo limpiarlos...
¡El frío conserva la materia orgánica! Así de claro. ¿Como es posible que no lo viera venir? Y eso no es lo peor, mi error me ha hecho descubrir que si un hueso sufre varios ciclos de congelación dentro del agua, se pueden formar unas finas grietas que lo debilitan. Estas fisuras, aunque no se ven al principio, aparecen durante la talla (incluso al final, en el lijado), y en el peor de los casos, pueden llegar a romper la pieza.
Pero entonces, ¿Como puedo preparar hueso en invierno? Mientras, casi sin luz y con las manos heladas, intento limpiar los huesos todo lo posible, la cabeza no para... El hueso de vaca no es marfil, pero hay dos cosas que le permiten acercarse a sus cualidades. La primera, utilizar solo la parte "compacta" del hueso. La segunda, no destruir las fibras de colágeno durante el proceso de preparación y limpieza. Eso significa que no puedo hervir, no puedo usar sosa, ni lejía, ni agua oxigenada, ni ningún otro producto químico...
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| Trozos de fémur de terneras que pacen en los prados de Samos, en el Camino de Santiago. ¿Solo eso? |
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| Para tallar solo es útil la parte compacta. |
Vale, solo corto el trozo compacto central y quito con un buen cuchillo toda la casquería ¿Y después?
En realidad, lo que sucedió el verano pasado con aquellos huesos que quedaron en el balcón, dentro de una olla rota llena de agua, no fue otra cosa que una larga cocción a temperatura ambiente (40º aprox.) que hizo que toda la materia orgánica se desprendiera limpiamente. Y eso es lo que tendría que hacer ahora, cocer los huesos a fuego lento (sin dejar que el agua se acerque al punto de ebullición para no dañar el colágeno) durante varios días. Cada cierto tiempo habría que retirar la grasa acumulada en la superficie y añadir más agua para sustituir la que se pierde por evaporación. Y repetir el proceso hasta que ya no hubiera grasa y el agua permaneciera limpia, después, quitaría los huesos y los dejaría secar...
Pero no hay tiempo, tengo que llevarme los huesos tal como están.
Siete bolsas de plástico (todas las que encontré en la casa), he cerrado bien cada una antes de meterla en la siguiente, y aunque tomé todo tipo de precauciones, el coche apesta y este hedor, lo sé, no se va a ir en todas las vacaciones. Durante el lento camino de vuelta, de noche, por la estrecha carretera de montaña, tengo muy claro que me van a colgar de los pulgares en cuanto llegue a casa de mi suegra, por llevar huesos sin limpiar, llegar tarde a la cena de navidad, empapado y apestando a muerto.
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| La carretera de Louzara cuando aun había luz... |
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| La misma talla en dos huesos diferentes. La de la derecha, la nº11, está realizada en uno de aquellos huesos del invierno. ¿Porque tiene tanta veta? No lo se, pero me gusta... |
sábado, 21 de diciembre de 2013
Tallar en hueso un amuleto Celta. La práctica de la concentración
Como ahora paso horas tallando, coloco la espalda recta y así después no me duele. Para controlar el pulso, adopto un ritmo de respiración pausado, desde el diafragma, más lento que el habitual. Si quiero conseguir que la fresa, a 10.000 rpm, perfore la pieza por el camino correcto, no puedo pensar, debo dejar pasar mis pensamientos sin atraparlos, solo sentir la resistencia del material mientras lo vacío para que surja la forma. De esta manera, tallar hueso se ha transformado en mi particular forma de meditación y algunos días el tiempo desaparece, me olvido de todo, la concentración se establece sin esfuerzo, inconsciente, natural, puesto que todo mi ego se ha extinguido en la unión del espíritu con el hueso. Creo que durante ese tiempo desaparecido soy, en verdad, el escultor de huesos.
Este es el primero de los vídeos que iré colgando para que los más curiosos puedan ver como tallo las piezas. Tiene el aliciente además, de que podéis oír a mi hermano Marcos cantar el tango "Cuesta abajo" de Carlos Gardel. Si, el mismo Marcos del que hablé en la primera entrada de este blog, el que me dejó planchado en el examen de laúd cuando éramos pequeños. El que me hizo descubrir la importancia de la genética!
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lunes, 18 de noviembre de 2013
Tallar en hueso una cara de mujer. Un momento de paz
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| Esta pieza es un encargo de Ángela, que se enamoró del colgante de Ana (el Nº 01) en la presentación del libro de poemas "Eróticos Desvaríos" de Meri Pas Blanquer. |
Precisamente por el respeto que me producen esos rostros de mujer, que están expuestos en la vitrina del comedor de mi madre, no me atrevía a comenzar mi andadura de escultor, tallando una cabeza femenina. Preferí sumergirme en el mundo celta de mis "tecedallos". Pero sabía que para hacer de los huesos una tradición y confirmar mi teoría sobre la herencia genética de mi antepasado, antes o después tendría que enfrentarme al reto de tallar una de esas caras que conozco desde la infancia. Eso si, a mi manera.
Me gusta recorrer esta nueva ruta en solitario y para encontrar un estilo propio revuelvo en el caos de mi memoria, en aquellas cosas que me impactaron en su momento y se quedaron grabadas en mis recuerdos. Elementos de un rompecabezas que ahora cobran sentido y empiezan a encajar.
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| Este es el punto de partida, una de las cabezas de mujer de la pintora gallega Maruja Mayo. El Óleo Actriz de 1942. |
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| Desde el principio me fascinó la simple geometría de sus rostros. Óleo Arquitectura Humana de 1937. |
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| Estas son las lineas que tracé a partir del cuadro Actriz de Maruja Mallo. Aunque al final, mientras tallaba, decidí cerrarle los ojos. |
No me conformo, no renuncio, no me resigno, no haré entrega voluntaria de mi mismo, rindiéndome a la voluntad de este desastre de época que me ha tocado vivir. No se lo pondré fácil al destino.
Conformarse es aceptar que "esto es lo que hay". La resignación es dejarse arrastrar por la profunda corriente del destino y el destino, hoy en día, es esta globalización que destruye el planeta. Renunciar a soñar, es la entrega voluntaria de uno mismo como ofrenda al sistema, al mercado, a vete tu a saber que o quién.
Puede sonar pretencioso... Y lo es (voy a tener que repasarlo bastante). Pero si pretendo romper la cáscara impenetrable que hay entre un objeto bonito y otro que puede formar parte de una vida, si quiero rasgar la dura membrana que existe entre lo estético y el deseo. Si intento sustituir con algo nuevo, hecho ahora, uno de aquellos objetos que admiro, o que se guardan en los museos, o que las familias atesoran para que perduren en el tiempo (como nuestro colgante del abuelo) intuyo que necesito un compromiso mayor que el meramente estético, un nuevo convenio me permita avanzar en esta senda desconocida. Recuerdo los versos de Robert Frost, pero ya ni me acuerdo cuando los leí... Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia.
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| La primera cara que tallé, fue una sorpresa y creo que la confirmación de que llevo al abuelo Pepe conmigo. Le he cogido cariño y la conservo para mi. |
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miércoles, 30 de octubre de 2013
Tallar hueso, pulir hueso...
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| Tecedallo de Saudade II. Otro ideograma Celta, en recuerdo de mis queridos poetas de O Courel. |
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| El reverso, está firmado, fechado, numerado, y con la Cruz de Compostela, como corresponde a los huesos del Camino de Santiago. |
Noto como corre el contador, inexorable, e igual que a un Nexus VI de Blade Runer, se me agota el tiempo. Ya no es una opción entrar en un taller y "aprender el oficio", o ir a un curso, ni nada parecido. No pienso practicar, quiero hacer, sin más.
La primera vez que fui a montar a caballo, iba con un grupo de amigos bastante numeroso. El encargado del picadero decidió separarnos en dos grupos, los que supieran montar y los que no. Yo me puse con los que tenían experiencia, sin dudarlo. Y aunque estuve a punto de caerme un par de veces, galopé. Nuestro grupo salió a cabalgar por los caminos, mientras el otro, el más numeroso, se quedó dando vueltas, al paso, dentro de una nave cubierta de polvo. Al terminar alguien me preguntó:
-¿Pero tu no decías que nunca habías montado?-
-Es cierto, recuerdo que contesté , pero he visto suficientes películas de vaqueros.-
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| Tecedallo de Saudade III. Se trata de otro ideograma Celta, pero contiene una cierta atmósfera oriental. |
Es que no sabía cuando volvería a sentarme sobre un caballo, y deseaba galopar de verdad, no aceptaba quedarme dentro de aquel picadero polvoriento. No era una opción, lo mismo que ahora, no estoy dispuesto a permanecer encerrado dentro de esta puñetera crisis, dando vueltas, al paso, siguiendo las instrucciones de nadie. Vale, la razón dice que para empezar, es más seguro ir paso a paso, pero lo que me pide el cuerpo, es agarrar cortas las riendas, apretar las rodillas y golpear fuerte con los talones. Y con la que esta cayendo, me fío más del corazón que de la cabeza, pienso elegir el camino que señala mi intuición y si alguien me pregunta: ¿Pero tu habías hecho esto antes? Ya sé que le voy a contestar... No, pero he visto suficientes tallas de mi abuelo.
Todo esto es una manera, un tanto complicada, de decir que esculpo el hueso sin tener ni idea, como me sale, y que aconsejo tomar mi forma de trabajar, que me dispongo a mostrar, como algo personal y puede que intransferible. Como algo que no es fruto de la experiencia y que irá cambiando, seguro, a medida que descubra la mejor forma de hacerlo. Solo espero que os gusten mis piezas, y que por eso, sigáis conmigo esta aventura, aunque sea, al menos, para comprobar hasta donde soy capaz de llegar.
Lo primero que me llamó la atención, cuando empecé este proceso fue lo aburrido que es. Como un monje que ilustra un manuscrito interminable. Siempre parece que no avanzas, que nunca vas a terminar. Y después, la precisión. Y no me refiero a que no puedas salirte ni medio milímetro, lo complicado es mantener esa exactitud, durante más de una hora, sin cargarte la pieza. Al principio se agarrotan los dedos del esfuerzo. Hay que acordarse de parar, cada cierto tiempo, para hacer ejercicios con la mano y evitar los calambres.
He descubierto que el mejor enfoque para ser "escultor de huesos" es el de una película de Kung Fu. Tallar hueso, pulir hueso, tallar hueso, pulir hueso... Para mí, se está transformando en un ejercicio de meditación. La postura, la espalda recta ligeramente arqueada hacia dentro, el mentón apuntando hacia abajo, el cuerpo inmóvil. Y la respiración, con el diafragma, lenta, acompasada, para controlar el pulso. Y la mirada, de francotirador, siguiendo con precisión la fresa acariciando el hueso, anticipando la acción, visualizando la trayectoria... Hasta que tengo que salir del trance, porque Ana me recuerda, que hay que recoger a Merlín en la guardería.
Todo esto es una manera, un tanto complicada, de decir que esculpo el hueso sin tener ni idea, como me sale, y que aconsejo tomar mi forma de trabajar, que me dispongo a mostrar, como algo personal y puede que intransferible. Como algo que no es fruto de la experiencia y que irá cambiando, seguro, a medida que descubra la mejor forma de hacerlo. Solo espero que os gusten mis piezas, y que por eso, sigáis conmigo esta aventura, aunque sea, al menos, para comprobar hasta donde soy capaz de llegar.
Lo primero que me llamó la atención, cuando empecé este proceso fue lo aburrido que es. Como un monje que ilustra un manuscrito interminable. Siempre parece que no avanzas, que nunca vas a terminar. Y después, la precisión. Y no me refiero a que no puedas salirte ni medio milímetro, lo complicado es mantener esa exactitud, durante más de una hora, sin cargarte la pieza. Al principio se agarrotan los dedos del esfuerzo. Hay que acordarse de parar, cada cierto tiempo, para hacer ejercicios con la mano y evitar los calambres.
He descubierto que el mejor enfoque para ser "escultor de huesos" es el de una película de Kung Fu. Tallar hueso, pulir hueso, tallar hueso, pulir hueso... Para mí, se está transformando en un ejercicio de meditación. La postura, la espalda recta ligeramente arqueada hacia dentro, el mentón apuntando hacia abajo, el cuerpo inmóvil. Y la respiración, con el diafragma, lenta, acompasada, para controlar el pulso. Y la mirada, de francotirador, siguiendo con precisión la fresa acariciando el hueso, anticipando la acción, visualizando la trayectoria... Hasta que tengo que salir del trance, porque Ana me recuerda, que hay que recoger a Merlín en la guardería.
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| El principio es un buen dibujo de base. Uso un dibujo sobre papel, que paso al hueso con "papel de calco" y después retoco. |
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jueves, 17 de octubre de 2013
Tecedallos de Saudade
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| Dibujos de los primeros diseños: Tecedallo de Saudade I y Tecedallos de Saudade II. Lapiz sobre papel. |
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| Uxío Novoneira |
Filmábamos durante el día los maravillosos lugares de O Courel, los centenarios soutos de castiñeiros y por la noche, al lado de la chimenea de Louzara, grabábamos unas lecturas poéticas privadas, donde tuvimos la suerte de "registrar", sin duda, los recitales mas íntimos de Uxío Novoneira. Después (como hace cualquier documentalista que se precie) visionábamos el material grabado durante la larga jornada, mientras nos tomabamos una copita de un aguardiente envejecida mediante un pausado sistema de trasiego (12 años) entre 4 pequeñas barricas de roble, que nuestro padre tenía en la bodega. Esas noches, José Antonio Durán y Uxío Novoneira contaron historias al calor del fuego...
Fue en una de aquellas madrugadas de charla, visionando el material, la única vez que oí la palabra "tecedallo". La pronunció Uxío Novoneira viendo las imágenes que grabamos para el documental. El plano, en concreto, está tomado desde la cima de O Monte Lago y se puede apreciar como se entrelazan los montes, y el otoño, en el valle del río Louzara al atardecer. Simplemente dijo: "esto es un TECEDALLO de cumes". Y ahí quedó la palabra, registrada en mi memoria durante estos 22 años. Hace falta un poeta para ponerle nombre a las cosas.
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| Fotograma del documental. El "tecedallo de cumes". El valle del Louzara, grabado desde la cima de O Monte Lago, mirando hacia Santalla. |
Conocí a Fiz Vergara Vilariño (el otro gran poeta de O Courel), si no calculo mal, en el verano de 1977, en su preciosa casa de Santalla, a orillas del río mágico, el Louzara. Fue una de esas visitas familiares de cortesía, que comenzaba como algo intrascendente, con los saludos y parabienes habituales. Pero no podía imaginar, cuando entré en aquella casa, la experiencia que estaba a punto de vivir.
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| Fiz Vergara Vilariño |
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| Fotograma del documental. Un souto de castiñeiros de O Caurel. Aquí está permitido creer en la magia. |
Toda esta locura, o aventura creativa, del escultor de huesos, no tendría ningún sentido, si no persiguiera un antiguo objetivo, una meta personal rescatada del pasado, un sueño casi olvidado que esta maldita (o bendita) crisis ha hecho resurgir. Algo que iré desvelando poco a poco, pero que no puedo hacer con miedo, o a medias... Y en mi primera obra como escultor, como artesano, me atrevo a unir mis recuerdos de dos poetas muertos: Uxío Novoneira y Fiz Vergara Vilariño. Dos poetas que hunden profundamente sus raíces en las montañas mágicas de O Courel y Louzara. Tengo la absurda pretensión de crear un objeto, que sirva para desenredar la saudade de las finas grietas del subconsciente, de tallar un amuleto, un TECEDALLO de SAUDADE ( mientras escribo llevo uno colgado del cuello) que me sirva para guardar la "negra sombra", que tantas veces atenaza el alma, y me ayude a quitar peso de la maleta, con la que cargo, en este nuevo viaje. Si es efectivo ya se verá, pero si no tienes uno... no podrás comprobarlo.
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| Tecedallo de Saudade (lo que viene siendo un "atrapa morriñas") Un ideograma Celta, tallado en hueso del Camino de Santiago, en recuerdo de Uxío Novoneira y Fiz Vergara Vilariño. |
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lunes, 7 de octubre de 2013
El taller errante
| Trabajando, con el taller errante instalado en Louzara, este verano. Foto de Ana. |
Mi metamorfosis en el escultor de huesos esta siendo más lenta y difícil de lo que esperaba, y eso hace resentirse a mi maltrecha economía. No puedo olvidar que el objetivo es llegar, un día no muy lejano, a ganarme un jornal con mi trabajo. Y aunque dicen: que para ganar dinero hay que gastar dinero (este refrán siempre me pareció el eslogan de un banco para terminar sangrándonos con sus intereses), yo creo que la realidad es otra: cuanto menos gaste al principio, antes empezaré a ganar después.
Por tanto, necesito un taller que pueda transportar con facilidad, y que sea barato. Que me permita trabajar en cualquier lugar donde disponga de una mesa pequeña y un enchufe. De hecho, estas premisas de partida se complementan. Para que las herramientas ocupen el mínimo espacio, lo primero que hay que hacer es comprar solo las imprescindibles, y eso significa ahorro. Para empezar, las cosas que puedo hacer a mano no las pienso hacer con ninguna maquina. Pongo toda la energía que mi trabajo pueda generar, pero no pienso darle ni un kilovatio de más a ninguna compañía eléctrica. Mi sueño es llegar a ser energéticamente autosuficiente (pero esa será otra historia).
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| Piezas que preparé este verano en la montaña lucense. |
Uso una multiherramienta Dremel 300 con lápiz de eje flexible, un poco por casualidad. Fue una oferta que encontré: la Dremel, el lápiz de eje flexible y la abrazadera (o morsa) para mesa, por 70 euros. Es un modelo descatalogado (por eso estaba tan bien de precio) pero tiene suficiente precisión para empezar y sigo pensando que no me equivoqué al comprarla. Encaja perfectamente con la idea de inicio: ligera, pequeña y barata. También incorporé al equipo básico una lampara de leds con lupa. Imprescindible para los detalles más pequeños. Aquí también tuve suerte, estaba negociando en segunda mano, cuando un amigo me mandó el enlace de una buena oferta en un hipermercado. Y para terminar, la mascarilla antipartículas (como no hay estudios sobre como afecta el polvo de hueso a los pulmones, siempre uso mascarilla) y los cascos de protección contra el ruido, artículos necesarios y bastante económicos. Y este es todo el equipo necesario. Ya está, Ana introduce los pagos en la base de datos de gastos y comprueba que no me he pasado ni un pelo en la inversión. Y yo, por supuesto, sacando pecho. CRASO ERROR.
Le llamo el taller errante, por un lado, porque anda de una parte a otra sin tener asiento fijo, y por otro, debido a la cantidad de errores que cometí al comprar las "fresas". Las fresas son como brocas de taladro, que se sujetan al extremo del lápiz de eje flexible, y giran a toda velocidad para desbastar el material. Estas pequeñas cabronas, habían decidido hundirme el presupuesto y amargarme la existencia. El proceso de descubrir cuales son las adecuadas para trabajar el hueso, ha sido tan costoso, largo y difícil, que es la causa de que halla decidido escribir este blog. Creo que mi experiencia puede ser útil para cualquiera que desee empezar este camino y quiera ahorrarse los fallos que cometí yo.
Como ni en los centros comerciales, ni en las ferreterías, tienen este tipo de material (casi nada), compré las fresas por internet en Europa, Asia y América. No las encargué en Australia, porque por algún motivo que desconozco, los gastos de envío desde ese continente son de 60 euros. El caso, es que las probé de todos los tamaños y formas, de todos los tipos y durezas. Rompí muchas, quemé otras y las más, simplemente se gastaron en poco tiempo. Un desastre, no solo por el chorreo de dinero, si no también por las decepciones sufridas. Se hizo habitual esperar más de un mes a que llegara un pedido de China o EEUU (que pensaba resolvería el problema) volver de Correos con mi flamante paquete, para a continuación, romper sin querer, todas y cada una de las fresas que había comprado. Como sería la cosa, que hasta Ana no me hizo ningún reproche a pesar del considerable aumento de nuestra plantilla excel de gastos.
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| Las fresas que quedaron después de la criba. |
Una vez terminada la primera parte de la talla, para alisar las superficies, pasamos a las fresas de diamante. Son económicas, fáciles de encontrar, y de todos los tamaños y formas. A diferencia de las de tungsteno, trabajan a velocidades bajas y siempre hay una cosa a tener en cuenta, se desgastan muy rápido. Por eso hay que usarlas solo para afinar los detalles, nunca para desbastar el hueso.
Resumiendo, cada una de ellas tiene un uso determinado, hay que parar y cambiar de fresa constantemente, cada vez que sea necesario. Si no se hace así, la vida útil, de cada una, se reducirá sensiblemente.
Y aquí estoy, ya he conseguido todo el material que necesita un escultor de huesos, pero en vez de sentirme pletórico, lo que tengo, es la sensación de que los costes son excesivos y va a ser muy difícil llegar a cubrir gastos. Los huesos, las fresas, el trabajo... Y para quitarme el mal sabor de boca, decido preparar una "Carne en Pastelón", se trata de freír un gran filete empanado de tres dedos (unos 5 cm) de grosor, que después de quitar el aceite se rehoga en una generosa cantidad de vino blanco y que normalmente se sirve con patatas panadera. Este plato es delicioso si está hecho con una buena carne, y la mejor ternera gallega que conozco se puede comprar en la carnicería de Pío y Julia, al pie del Monasterio de Samos, a 20 minutos de Louzara. Y mientras cortan la carne les cuento mi proyecto, cosa que les parece muy curiosa, y sin más, deciden apoyarlo en lo que buenamente puedan, que no es otra cosa que surtirme de todo el hueso que necesite sin pedirme nada a cambio. Después del sobresalto inicial, de vuelta a la casa, caigo en la cuenta que con esa ayuda, no solo recibo el impulso que necesitaba, sino que además, han transformado la materia prima de mi trabajo en algo muy especial, algo más profundo y primordial, algo que hunde sus raíces en la misma columna vertebral de Galicia... Ahora trabajo con los huesos del Camino de Santiago.
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miércoles, 2 de octubre de 2013
Los huesos al sol
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Mis huesos, con el Monte Lago al fondo.
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Aun quedan algunos lugares en el mundo, que nuestra sociedad no ha sido capaz de contaminar. Estoy pensando en el Ártico, donde el calentamiento global, el deshielo y las compañías petroleras, pueden llegar a destruirlo si no hacemos algo para remediarlo. Pero también pienso en otros paisajes menos inaccesibles, transformados en "lugares secretos" involuntariamente, que hoy en día son "tierra oculta" porque hace mucho tiempo que han sido abandonados de la mano del hombre, y en ese olvido, han podido conjurar la pérdida de su identidad. Son puntos de nuestra geografía que me fascinan, donde la casualidad ha hecho que permanecieran alejados de los circuitos de la explotación destructiva, del turismo, de la especulación... Estoy pensando en un sitio muy especial, el valle del Louzara, uno de esos lugares donde aun es posible la magia. Y quedan tan pocos!
Bueno, pues hacia ahí me dirijo, el coche cargado hasta los topes, a pasar las vacaciones de Semana Santa con Ana y Matilde (ya conocéis su fina nariz y tendencia a las arcadas), con Merlín (el pequeño, 2 años, que si tiene olfato aun no lo demuestra), y con mi olla a presión rota repleta de unos huesos, que llevan pudriéndose en el agua, cerca de tres meses. El viaje va bien (no cogimos atasco de salida), pero no paro de darle vueltas a la cabeza, ni de rezar para que la tapa de la olla aguante. ¿Se podrá importar hueso de Argentina? ¿Cuanto costará? No lo averiguaré porque voy a pasar toda la Semana Santa sin internet. ¿Y si empiezo tallando madera? ¿Piedras de río?... Así iba cuando el motor empieza a hacer un ruido como de latigazos y termina rompiendo la correa del generador. Por lo menos el coche anda. Aunque no podemos continuar el viaje sin arreglarlo. ¿Puedes creer que mi mayor preocupación, mientras estábamos en el taller, es que no empiece a oler a muerto? Salimos de viaje a las 7:00 y por fin, a las 19:00, llegamos a Louzara.
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Poza de Beltran en el río Louzara.
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Me gusta estar en la montaña y darle caña al cuerpo. Desbrozar, cortar madera, restaurar la casa, picar piedra... Cualquier cosa que me permita olvidar el estrés urbanita. Llevo varios días aclimatándome a la fuerte naturaleza de este sitio, sin ánimo para enfrentarme a los huesos. Esa noche, los niños están acostados y hay un cielo estrellado tan claro, que da vértigo. Ahí estamos, juntitos, intentando averiguar donde está el Cinturón de Orion y escuchando la noche, con la manta de lana sobre los hombros. Pronto tendremos que entrar a calentarnos junto a la chimenea. Sin más, Ana rompe el silencio y pregunta: ¿No pretenderás ponerte a enterrarlos el último día?
A la mañana siguiente, con los guantes de goma, me propongo abrir la olla a presión y enterrar mis huesos. Pienso hacerles una ceremonia muy sentida. Esta vez, si que estoy preparado para el mal olor, pero (siempre me pasa) no estaba preparado para la revelación, que tendría al destapar aquel cacharro de metal... No me lo podía creer, los huesos se han transformado. La carne esta hinchada como el cadáver de un náufrago que lleva tres meses en el mar. La descomposición se ha acelerado y ya no necesito enterrar nada. Toda la materia orgánica pegada a los huesos es una extraña plastilina blanca uniforme, que se suelta fácilmente. El tuétano es un cilindro que sale, sin más, empujando por un lado con el dedo. Después de un poco de detergente y agua a presión, en un momento, los huesos están limpios. Los coloco a secar al sol en la barandilla (en la foto). Pura magia. Hasta ahora no entendía lo esencial y trataba el hueso como si estuviera creando un producto de laboratorio. Pensaba que preparar el hueso era un proceso químico complicado y en un instante, me doy cuenta de que es algo natural. De repente, lo veo todo claro, puedo separar la información importante, de la cantidad ingente de basura que había leído en internet. Tengo que confesar, que después de tanto trabajo e investigación, esta revelación me deja con cara de idiota.
Si quieres preparar hueso para tallar, primero, córtalo en tres partes de la misma longitud y desecha los dos extremos. Aunque parezca que desperdicias mucho material con las cabezas del hueso, no es cierto. La parte esponjosa se prolonga más de lo que crees y hace que el reverso de la pieza no tenga la textura adecuada para trabajarlo. Quédate solo con el trozo central donde el hueso compacto es más ancho, además, al no cortar por el centro, no se estropea la mejor parte del hueso. Estos trozos centrales de hueso compacto, son los que se sumergen en agua durante, al menos, 2 meses. Así aceleras el proceso de descomposición y podrás deshacerte de todos los restos orgánicos sin dañarlo. Lo segundo, nunca hiervas los huesos. Un 30% del hueso compacto es colágeno y lo estropearás al calentarlo (de todas formas, el hueso es muy resistente, si consideras que debes hervirlo para higienizarlo y no lo mantienes mucho tiempo en ebullición, aguantará). Eso si, nunca uses productos abrasivos, como sosa cáustica, lejía o agua oxigenada. Estos productos descomponen el carbonato de calcio, el mineral más importante del que está compuesto el hueso compacto. Resumiendo, después de dos meses en agua (sin añadir nada) en un recipiente hermético (mejor cambiar el agua cada cierto tiempo). Toca limpiar bien los huesos con detergente y agua a presión. Sólo falta trocearlos según los tamaños de las piezas que quieras tallar y, por último, limar y lijar para definir el volumen de base y preparar la superficie para el dibujo inicial... Y ya está.
Se conservan objetos de hueso, trabajados hace más de mil años, que fueron procesados de forma natural. A mi me gustaría que mis piezas duren muchos años, ahora, que he conseguido preparar unas buenas piezas de hueso, solo tengo que hacer una cosa: tallarlas.
Se conservan objetos de hueso, trabajados hace más de mil años, que fueron procesados de forma natural. A mi me gustaría que mis piezas duren muchos años, ahora, que he conseguido preparar unas buenas piezas de hueso, solo tengo que hacer una cosa: tallarlas.
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viernes, 27 de septiembre de 2013
Preparar hueso para tallar. El relato de un desastre.
- "¿No lo tiene más grande?". Le pregunté al carnicero.
- "Llévese dos", dijo (y tiene su lógica).
- "No quiero dos huesos de caña. Quiero uno sólo, pero más grande".
Me mantuve firme e insistí. Al final, me lo tuvo que encargar y me cobró 9.50 €, por gilipollas... Y es que en España no existe la figura del escultor de huesos. Que yo sepa, estaba mi abuelo Pepe y nada más .
Después de dos semanas, allá voy, con un gran hueso de caña lleno de tuétano, tendones, cartílago y demás materia orgánica que desconozco, agarrada a su superficie como una lapa a la roca. Llego a casa y Ana, mi mujer, me mira a los ojos y pregunta: - "¿Qué piensas hacer con eso? No pretenderás utilizar ningún cacharro de la cocina". Tengo que admitirlo, aun no estoy seguro sobre lo que hay que hacer con "eso" (aunque el abuelo trabajaba el hueso, no quiere decir que exista una tradición familiar, y mucho menos un conocimiento que se transmita de padres a hijos sobre la materia).
No se porque creemos que Google y YouTube, son la nueva fuente del conocimiento. Es cierto, si no buscas nada en concreto, aparecen un montón de cosas interesantes (aunque resultan inútiles excepto para perder el tiempo), pero cuando necesitas algo determinado, por ejemplo: "preparar hueso para tallar", terminas hundido en una ciénaga de refritos infumables copiados unos de otros, hasta que después de muchas horas empiezas a pensar si la mejor solución no será enterrar el hueso en el jardín, durante 2 años, y después ya se verá. Si opinas que exagero, espera. Conseguí una olla a presión rota y me puse, con entusiasmo, manos a la obra.
Hay dos técnicas básicas de preparación de hueso y coinciden en la primera parte : cortar el hueso por la mitad, cocerlo (con lo que cuestan, será para aprovechar el caldo) para quitar el tuétano y toda la materia orgánica que puedas, raspando con un cuchillo de cocina. A partir de ahí empiezan las diferencias...
La más extendida en la red, con diferencia, y en mi ignorancia, la que me pareció mas fiable, es volver cocer los huesos con sosa cáustica o alguno de sus derivados (por ejemplo, lejía). Pero eso si, nadie se pone de acuerdo ni en la cantidad de sosa, ni en el tiempo de cocción. Bueno, para esto estoy preparado, a mi me enseñó a cocinar mi madre y siempre dice lo mismo: "lo que te acepte". Para lo que no estaba preparado fue para el hedor a cadáver que inundó toda la casa. La puerta de la cocina estaba cerrada y el extractor a tope, pero en cuanto aquello empezó a hervir, tenía a Ana y a Matilde, mi hija, cada una agarrada a una taza de water, vomitando. Terminaron untándose bálsamo de tigre debajo de la nariz para aguantar el olor (como en las autopsias) y suerte que los vecinos no llamaron a la policía creyendo que teníamos un cadáver.
El hedor fue horrible, pero había merecido la pena. El hueso queda fantástico, muy limpio, blanco como en un anuncio de detergente. Lo corto, con una sierra de mano, en piezas rectangulares y cuando, por fin, empiezo a tallar, me doy cuenta de que las apariencias engañan, que es imposible esculpir algo con un mínimo de detalle. La parte exterior se descascarilla y en cuanto lo mojas para limpiarlo, la sosa infiltrada actua de nuevo y se vuelve a descascarillar. Y quitando y quitando, al final te quedas sin nada. La cruda realidad es que la sosa (y la lejía) descomponen el hueso, que acabo de tirar 9.50 pavos a la basura y que ya tengo que comprar más hueso.
La segunda técnica básica, es cocerlo con agua oxigenada diluida. También queda muy blanco y tiene la ventaja de que no huele tan mal, pero eso si, el resultado es incluso peor, más angustioso. El líquido se infiltra profundamente y el hueso se va descomponiendo muy despacio, sin prisa, pero sin pausa. Empiezas a tallar con delicadeza y al principio parece que aguanta, pero es igual, se deshace poco a poco y día tras día. Y de nuevo tirarlo a la basura y comprar más. Conclusión, si alguien quiere blanquear unos huesos o el cráneo de algún animal que encontró en el monte, con 50 g de sosa, 10 litros de agua y nunca más de 15 min de cocción (siempre en un espacio abierto) quedará blanco y limpio, pero no apto para tallar. Queda claro que estos cabrones de Google no han tenido un hueso en las manos en su vida.
No hay que desanimarse, pasemos a YouTube. En Oceanía, Sudamerica, Estados Unidos y Canadá, hay muchos escultores de huesos (en Europa, pocos) pero a ninguno se le ocurrió colgar un video sobre como preparar el hueso. YouTube es un laberinto, puedes estar horas buscando una cosa, das vueltas y vueltas hasta que te pierdes, y al final, no puedes salir, siempre terminas en el mismo sitio. Pero me mantuve firme e insistí... y un buen día encuentro un video de un tío preparando hueso ¡Eureka! Allá vamos...
Primero corta el hueso por la mitad, lo cuece, lo deja enfriar, lo golpea para extraer el tuétano y con un cuchillo de cocina raspa todo lo orgánico que puede. Vale, hasta aquí ya me lo se. Adelanto el video hasta la segunda parte... Lo vuelve a meter en la olla, le echa como un kilo de sal y un litro de un líquido transparente, un producto de limpieza con una etiqueta en ingles que apenas se ve. Después de pasarlo varias veces, consigo leer: "white vinegar", vinagre blanco. No, no es vinagre de vino blanco, este es transparente como el agua. Me pongo a investigar, y es efectivamente, vinagre blanco, destilado de caña de azúcar (normalmente en el sudeste asiático), utilizado en muchos países sobre todo para limpieza, pero que no se vende en España. ¡Mala suerte!
Pero es una buena opción ¡El vinagre no tiene nada que ver con la sosa! Lo intento comprar por internet y solo lo encuentro en cajas de 25 botellas de 1 litro. En realidad no es caro, pero los gastos de envío, desde fuera de España, se disparan. Es la única posibilidad que tengo, estoy tan desesperado que decido hacer el pedido. Y en el último momento, Ana no me deja comprarlo. La verdad es que argumenta muy bien... Que ya no dice vender, es que todavía no realicé ni una sola pieza, que me estoy obsesionando, que no pienso con claridad y no paro de gastar dinero. Eso si, a partir de ahora, tengo que pedir factura de todo, y va a hacer una base de datos para controlar los gastos, que el carnicero se frota las manos cada vez que me ve...
Lo siguiente es un periplo por todas las tiendas de comida de importación de Madrid (este vinagre también se usa para ensaladas, diluido con agua, en Sudamérica) pero sin resultados. Ya llevo varios meses atascado, con unos huesos en el congelador y los que no cabían, pudriendose en el agua, dentro de la olla a presión rota, encima de la maquina del aire acondicionado.
Pero a veces las cosas aparecen cuando ya no las buscas. Y como había adquirido la costumbre de revisar todos los artículos de limpieza de cada súper en el que entraba, ocurrió. No lo ponía por ningún lado, pero estaba seguro que aquel nuevo producto de limpieza ecológico estaba hecho con vinagre destilado de caña de azúcar. Olía a vinagre y era transparente como el agua. Y así fue, cogí el primer cacharro que encontré y puse todos los huesos del congelador a cocer con 1 litro de autentico "white vinegar", 1 kg de sal gorda y agua.
Sinceramente, creía que era la vencida. Pero a parte de desprender un olor acido a muerto muy penetrante (que produjo, otra vez, arcadas a Ana y Matilde) y ser la causa de que ahora tengo terminantemente prohibido realizar cocimientos de hueso en casa, los huesos no cambiaron en absoluto. Los tuve cociendo en el mejunje todo el tiempo que me dejaron, y si bien no se descompusieron, quedaron igual. Quizás un poco mas limpios, no lo se... pero con la parte porosa de la cabeza del fémur llena de restos de tuétano, una materia grasienta y asquerosa, imposible de quitar. Ni con el cepillo de dientes eléctrico (pero eso mejor no lo cuento).
Y hasta aquí la historia de mi fracaso, el relato del desastre. Aunque quería mantenerme firme e insistir...Ya no sabía que hacer. Estaba intentando dejar mínimamente presentable la cocina, cuando Ana se acercó, me miro a los ojos y dijo:
- "¿Y que vas a hacer con la mierda esa que lleva tres meses pudriendose en la ventana?"
Esta vez, si tengo una respuesta:
- "Voy a enterrarla, en el pueblo, durante 2 años"
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Mateo Melendrez,
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